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Cadáveres que no pierden la ruta

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Cadáveres que no pierden la ruta
09 de diciembre de 2016

El trabajo de Juan Pablo Castillo no es como cualquier otro; es bastante particular: ayuda al médico como director de necropsias, recibe y entrega cadáveres; ingresa los datos de los mismos a sistemas digitales y se encarga de la recepción de evidencias que dirige a los laboratorios.

Desde hace un año y cuatro meses, trabaja como asistente forense en el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en Bogotá, y reconoce que hace alrededor de cinco meses, sus labores se han visto favorecidas, gracias a la implementación de una tecnología que consiste en instalar un chip -que contiene un número de identificación- en los cadáveres que llegan a la institución.

A diario, debe entrar a una nevera que guarda una gran cantidad de cuerpos, organizados en filas. Cuando iban a reclamarlos, debía mover uno por uno para identificarlos. A pesar de su entrenamiento, era una labor bastante desgastante. "Al día, uno debe hacer una búsqueda de 8 a 12 cuerpos. Antes, tocaba mover los carros con cadáveres, marcados por etiquetas con información del número interno", cuenta.

Pero esto ha cambiado. "La implementación del chip nos sirve para identificar los cadáveres en las neveras, donde hay cuerpos reposando, incluso, hace bastante tiempo. Se nos facilita encontrarlos, sin necesidad de moverlos, a través de un bastón (que funciona como sensor) que se pasa sobre el cuerpo", dice Juan Pablo. Luego, sale un número que debe estar asociado al caso y a un número de radicación interna de la evidencia (cuerpo).

"Nos sirve también para el control de la información. Ahora, uno le pasa el bastón, ya sabe qué número es y lo confronta con el acta del cadáver", añade el funcionario. Así, también, se evitan las confusiones al momento de entregarlos.

¿Cómo llegó esta idea al instituto?

El año pasado, la tecnología se implementó, primero, a nivel local en algunas capitales (Bucaramanga, Cali, Medellín y Villavicencio) en morgues con bajo volumen; desde este año, funciona en Bogotá.

"Nosotros atendemos 36 mil cadáveres al año, más o menos. La motivación fue evitar las dificultades para marcarlas y buscarlas", dice Pedro Emilio Morales Martínez, subdirector de servicios forenses del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.

El otro objetivo fue: como el cadáver se convierte en la primera evidencia, cuando se hace el acta de inspección, de allí salen una serie de hallazgos y muestras para diferentes laboratorios. Entonces, "dijimos: podemos buscar un sistema que marque, desde el principio, la primera evidencia y todas las pruebas que salgan de ahí estén marcadas con el mismo sistema", afirma el Dr. Morales.

En el momento en el que se recibe el protocolo de autopsia, con toda la documentación, junto a ella reposa una bolsa con una jeringa que, adentro, contiene el chip. Este se introduce, cuando se hace la necropsia. El Dr. Mario Alberto Hernández Rubio, asesor de la dirección general y jefe de patología de la regional Bogotá del Instituto, explica que, con un taladro, se realiza una perforación de 3 milímetros de diámetro en la tibia derecha hasta llegar a la médula; por este agujero, se introduce la aguja de una jeringa que contiene en su interior el chip, el cual es inyectado en la médula ósea.

El médico debe identificar que, además de la jeringa, vienen pequeños stickers con un código de barras, los cuales se pegan a los documentos asociados a las evidencias, las muestras, etc. El cadáver, entonces, contará, con el número del caso y de protocolo, al que se le asociará, además, el número de un código de barras y del chip.

En Bucaramanga, por ejemplo, ya todas las muestras salen a los laboratorios marcados con el código de barras; la muestra se vuelve anónima y no se pierde. "Nos evitamos actividades manuales, disminuye el tiempo de respuesta, evita el gasto de papelería y la confusión del encargado de recibir, revisar, hacer el radicado", dice el Dr. Morales.

Por otro lado, el Dr. Hernández dice que la implementación de los chips para identificación de cadáveres permitirá, además, que no se les pierda la ruta a los cuerpos no identificados y que, eventualmente, "pueda ser llevados a inhumación estatal o entregado a una universidad que los solicita, cumpliendo con los requisitos, para hacer respectivos estudios en las facultades de medicina".

Se busca, entonces, que en el futuro se faciliten las búsquedas de estos cuerpos y, sobre todo, el reencuentro con sus familiares o personas que lo están reclamando. "Eso es lo que estamos viviendo hoy en día, a través del sistema de justicia y paz o la justicia transicional", agrega.

Con esta tecnología, la entidad se beneficia porque mejora su gestión; las autoridades reciben una respuesta más rápida de los casos que adelante el Instituto; los laboratorios hacen un trabajo más eficiente, y a los ciudadanos se les garantiza recibir una atención certera y transparente.

Por eso, la implementación de los chips en cadáveres es un ejemplo de uso estratégico de las TIC para mejorar la gestión de las entidades públicas, y se convierte en una experiencia significativa de Gobierno Digital, que contribuye a consolidar un Gobierno abierto y transparente.

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